11 ene 2010

Institucionalidad e Independencia


Si cualquier adivino del medio local se hubiera vestido de Manosanta para vaticinar que el país llegaría de cara al 2010 con un panorama económico propicio, hoy sería el invitado más buscado por los programas de humor y sobre todo por el espacio que conduce Anabela Ascar en "el canal de las noticias", allí donde desfilan personajes de diferentes rubros con capacidades grotescas -por momentos fingidas e inverosímiles-, dispuestos a hacer y decir lo que sea con tal de llegar a la fama. Lo cierto es que el Año del Bicentenario ya comenzó a rodar y ahora nadie puede predecir, ante los resultados concretos, que el Gobierno nacional haría bien los deberes en materia financiera. Contra todos los pronósticos apocalípticos de los gurúes de la city, mantuvo la cotización de un dolar a 3,83 pesos; consiguió que el superávit comercial (es decir, el excedente de billete verde en la relación exportación/importación) terminara por encima de los 18 mil millones de dólares, monto que se constituirá en récord histórico, y, un dato no menor, logró en tan sólo doce meses que las reservas del Banco Central superaran los 48 mil millones. Todo esto posibilitó que la presidenta Cristina Fernández comenzara a pensar en la creación de un fondo -a través de un decreto de necesidad y urgencia- para demostrarles a los organismos internacionales que existe voluntad de pagar la deuda. La negativa de Hernán Martín Pérez Redrado en aplicar esta estrategia sobrevino en un segundo DNU que lo removió de su cargo como titular de la entidad monetaria y en una feroz reacción de la oposición, que se abroqueló alrededor de su figura y le pidió que se atrincherara en su cargo como sucedió con Julio Cleto Cobos. Pasando la actualidad en limpio, aquello que comenzó siendo un necesario debate sobre la utilización o no de las reservas se convirtió en un mero enfrentamiento político, entre quienes están sufriendo las consecuencias de sus alianzas equívocas y aquellos políticos oportunistas que toman decisiones mal llamadas democráticas para presentarse como alternativas a lo que ya pertenecen.

El Fondo del Bicentenario representa el 40 por ciento del monto recaudado y tiene como principal objetivo el servicio de la deuda pública. Significa que en el momento de efectuar pagos, el Tesoro podrá utilizar ese dinero en vez de adquirir las divisas necesarias en el momento de su vencimiento. Este guiño enviado a los acreedores y a los mercados financieros interno y externo, permitirá disminuir la percepción del riesgo país, con el consiguiente incremento del valor de los títulos públicos y rebaja de las tasas de interés. Sin embargo, la presentación de esta medida económica irritó a varios miembros vitalicios del Frente del Rechazo -con la participación especial del mismísimo director del BCRA- que se niegan a usar las reservas a pesar de que en el pasado fueron partidarios de este método. ¿Es que para ellos los especuladores pueden acceder a estos recursos cuando se trata de fugar capitales, pero no la Tesorería de la Nación para "garantizar" el pago de compromisos asumidos ilegalmente desde hace décadas para endeudar al país?

Quienes se mostraron dispuestos a todo para que nadie le meta la mano a lo que llaman "el dinero de los argentinos" fueron dos radicales, Ernesto Sanz y Gerardo Morales, aunque poco tuvieran que ver con dar el ejemplo cuando fueron gobierno. Precisamente cuando el senador jujeño fue nombrado como secretario de Desarrollo Social de Fernando De la Rúa y este se hundió en sus ineptitudes, las reservas acumuladas apenas alcanzaban los 8 mil millones de dólares, mientras que ahora esa cifra se multiplica por seis. Sin la necesidad de tener que ir más lejos en el tiempo, fue el mismo Redrado que hoy aparece en todos los noticieros quien estuvo de acuerdo con el decreto aprobado en 2005 por el Congreso para saldar lo adeudado al FMI con plata del Tesoro.

Menciono este dato porque resulta lamentable que el ex editor-responsable de la revista Base Cero, que defendía la economía represiva de la dictadura con comunicadores como Bernardo Neustadt en la década del 70, se haya negado a renunciar a la presidencia del Central y forzara al gobierno a tener que destituirlo. Pero más vergonzoso aún es para los argentinos que la cabeza de esa institución recoleta se mantenga en funciones gracias a la complicidad del "Partido Judicial" al que responde la jueza María José Sarmiento, que en tiempo récord aceptó dos medidas cautelares contra los decretos presidenciales que crearon el Fondo del Bicentenario y removieron a Redrado de su atrincheramiento en el despacho de Reconquista 266.

Vemos una vez más que el kirchnerismo está pagando las consecuencias de haber abierto el abanico hacia una dirección incorrecta, tanto política como económica, y que los representantes de esos sectores desean apropiarse de un proyecto colectivo -nacional y popular- para reducirlo a una aspiración personal. Tal es así que la Presidenta está lidiando desde la resolución 125 con el único vice desestabilizador que tuvo la democracia, porque traicionó al oficialismo con el voto "no positivo" y ahora se plantea como alternativa en pleno ejercicio de su cargo. Mientras que el director del Central no se queda atrás: tiene la meta de culminar su mandato de seis años en septiembre, para convertirse en el único que lo cumplió desde la restauración de 1983, y pretende mostrarse ante la sociedad como un eventual próximo ministro de Economía con la ayuda del Grupo Clarín (no por nada, días antes de que estallara el conflicto con los Kirchner, Redrado se reunió con el CEO del multimedio, Héctor Magnetto, en su oficina).

Lo indiscutible es que en una organización de gobierno los funcionarios que no están de acuerdo con las políticas en carpeta y/o llevadas a cabo se enfrentan a una única opción: renunciar. De lo contrario, sus objetivos individuales terminan violentando los conceptos democráticos que tanto pregonan, como las declamadas "institucionalidad" e "independencia". Todo este enfrentamiento -primero económico y ahora político- me hizo pensar si De la Rúa tiene el perfil indicado para participar de la mesa de entrevistados extravagantes de Anabela. Digo, por la cantidad de patrañas que prometió cuando fue presidente y por el País de las Maravillas en el que creyó vivir mientras ejércitos de hambrientos invadían las ciudades desde las periferias en busca de comida. ¿Vamos a permitir que otro copie su desastrosa y caótica gestión al frente del gobierno y sólo sea recordado por su escapatoria en helicóptero de la terraza de la Casa Rosada?

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